Tu cuerpo en primavera

Tu cuerpo en primavera al igual que todas las estaciones tiene cambios importantes y la mayoría de las personas lo desconocen. Este concepto viene de la cultura Oriental. Tema del que hoy quiero contarte.

La primavera es la estación de comienzo, de despertar, de siembra y de desperezarse. Es tiempo de moverse y crecer, pero también de cuidar, sobre todo el hígado ya que es el órgano que representa a la primavera en unión a la vesícula biliar.

Cuando la negra noche (que se vincula con la energía del riñón) por fin se da por vencida ante el primer soplo de viento ,se abre la semilla dormida bajo la protección y cuidado de la quietud. Es un momento de gran esfuerzo y requiere mucha atención, porque marca la encrucijada del fin y el comienzo, de estar inmóvil a ponerse en movimiento.

El cuerpo humano pertenece a la naturaleza y responde a sus cambios. Su reloj biológico palpita al ritmo de la Tierra. De hecho, la medicina china desarrolló todo su conocimiento a través de la observación de la naturaleza. Formamos un todo entre todos.

El cuerpo no deja de funcionar ni se queda quieto o dormido durante tanto tiempo, pero el chi vital refleja el cambio de clima. Cuando llega el invierno, se ralentiza y entra en “modo ahorro”; al mismo tiempo se acumula gran cantidad de yang en el riñón para mantenerlo en calor, darle descanso y que se recupere del desgaste acumulado durante el año, del mismo modo en que la tierra, tras la cosecha, se repone durante el invierno sin actividad aparente.

Tu cuerpo en primavera.

Al iniciarse la primavera, el chi de riñón da paso al chi de hígado, y el hígado toma el mando de desperezar y despertar al organismo. Ahora bien, el despertar del cuerpo depende de cómo esté el chi de riñón. Si se encuentra pleno y fuerte, el hígado recibe suficiente energía para ponerse en marcha suave y reposadamente, con lo cual el cuerpo se despierta en armonía y con fuerza.

De lo contrario, el despertar será brusco o costoso. La energía del cuerpo funciona como el tiempo: no hay intervalos ni retenciones, fluye sin cesar; por tanto, nada es individual ni sucede sin una causa y, para entender el presente, necesitamos remontarnos al pasado.

El hígado es el órgano de la primavera, su color es el verde y su sabor, el ácido, se relaciona con los tendones y ligamentos, representa el elemento madera, su clima es el viento y su emoción, la ira. Como la madera, tiene tendencia a expandirse y a ascender como un árbol creciente: necesita espacio, y que nada le cierre el paso.https://isabelbosque.com/nuestro-cuerpo-fisico/

En primavera, todos los seres vivos se despiertan y se ponen en marcha; hay que irse a la cama temprano y levantarse pronto, y pasear por el patio con el paso amplio y el pelo suelto para centrar el pensamiento y aumentar la determinación.

Es decir, que se debe hacer ejercicio diario sin prisa ni pasarse del límite, mantener el ánimo alegre y armonioso para favorecer la circulación de chi y sangre, meditar, mantener una actitud reposada, escuchar música y tomar el sol, caminar, correr, practicar taichí, dar y recibir masajes para activarse.

El hígado y la vesícula rigen los músculos, los tendones. la vista. Los ojos, Los dientes caninos o colmillos y la uñas.

En cuanto a los sabores el sabor es el acido,  no hay que excederse con el ácido, pues el sabor que favorece al órgano (en este caso al hígado) puede resultar perjudicial si el órgano está desequilibrado. Es preferible combinarlo con otros sabores, sobre todo el dulce para acomodar al bazo/estómago.

El hígado es el órgano más grande del cuerpo, con una capacidad única de reproducción de su propia célula, y además de a los alimentos es sensible a las emociones, sobre todo a su propia emoción: la ira y el enfado.

UN CAMBIO DE LARGO RECORRIDO

Cada vez nos alejamos más de la madre naturaleza, de la tierra que nos sustenta, olvidamos respirar, no prestamos atención a los alimentos que comemos, no miramos a los ojos de los seres queridos y en su lugar desviamos la mirada hacia la fría pantalla del ordenador, el televisor o el móvil.

En este contexto y el de los abusos en la alimentación, se apodera de nosotros el desequilibrio. Pero nadie debería pensar que por hacer una cura o cambiar la dieta momentáneamente va a recobrar la perfecta armonía, porque no se trata de conseguir la perfección si no de aprender a vivir día a día conscientemente.

Vamos a cuidar el hígado y a sacudirnos y eliminar las costumbres caducas para comenzar con una buena siembra, salud y energía verde.

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